❝ Time waits for no one. ❞
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Sonríe, princesa; y que le jodan al mundo. posted at 23:37




En ocasiones las personas necesitamos ese algo, o ese alguien, que te ayude a continuar creyendo en las maravillas del mundo. Nacemos, crecemos, y vivimos con la necesidad de tener fe, de tener ese ansia por lograr una meta. Yo sé que mi meta en la vida aún no la tengo muy clara, pero si hay algunos aspectos de ella que, a día de hoy, tengo lo suficientemente atendido como para afirmar si lo anhelo o no.

Y si, lo hago.

Hoy he decidido que es mi día de demostrar qué es lo que siento, cómo quiero expresarlo, y de la forma en la que necesito desahogarme; y me da igual lo que opine el mundo, lo haré a mi manera para bien o para mal; no me importan las críticas, ni siquiera espero que me las den. Soy como soy, y hago las cosas a mi propio ritmo, a mi manera, y si no es suficiente para el mundo, que el mundo ni me mire.

Dicen que debes creer en el Destino, ese gran "amigo" que todos tenemos, pero yo últimamente no sé si creer en él o no, simplemente me dejo llevar por la corriente. ¿Sabéis lo que quiero decir, no? Ese sentimiento de que todo fluye de una manera u otra debido a unas y otras circunstancias de la vida. Si el destino está escrito... ¿por qué no procede a compensarme por todas las cagadas que he tenido que tragar a lo largo de mi vida?


Puedo asegurar a ciencia cierta que lo único que necesito a día de hoy es un buen abrazo, una sonrisa, una caricia... ¿Sabes qué es lo mejor en este mundo? Que la persona a la que quieres te toque. Un simple roce, ¿sabéis lo que quiero decir? Esa electrizante sensación como si recibieras una descarga eléctrica, y sólo por la unión de la piel... ¡La piel! Que se dice pronto... No es que te haya caído un rayo encima, que podría darse el caso, pero la sensación es... bueno, hace tiempo que yo no tengo esa sensación.

Las miradas, esas miradas que lo dicen todo y no dicen nada. Hay  muchos tipos de miradas, las miradas que expresan aversión hacia una persona; las miradas que te analizan por dentro y te sientes desnudo; las que buscan una respuesta en tus ojos y, por último, las miradas que te dejan sin aliento. A mi las últimas miradas son las que más me gustan, las que me obligan a tomar una gran bocanada de aire. Pero pocas miradas así he tenido yo a lo largo de mi vida, y sólo sé de una persona de quien quiero recibirla, pero por desgracia a día de hoy esa mirada no la he tenido cerca de mi, por ahora... Cuando sus ojos chocan con los tuyos, esa chispa que sientes en tu interior, cómo se te revuelve el estómago y, de pronto, te sientes terriblemente indefenso. ¡Por una sola mirada! ¿Pero qué tiene? No, no son poderes mágicos, no es eso... tiene una forma de ser propia, una sensación especial que te impide ver coherente. Cuando te mira, todo a tu alrededor desaparece, se para el tiempo y no existe nada más. ¡Joder, echo de menos esas sensaciones!

¿Y qué decir de los besos? Besos cortos, besos suaves, lentos, cálidos, atrevidos, besos con carácter, dulces, besos con iniciativa propia... Yo quiero besos de esos que empiezan con timidez, y que con el palpitar descontrolado de un caballo apropiándose de tu corazón, se vuelven poco a poco más apasionados. Esos besos en el que ambos labios quedan sellados uno a otro, como si se pegaran con pegamento y fuese imposible separarlos; de esos besos son los que quiero yo, que me hagan pedir más, que necesite beber de su calidez y bañarme en su aroma. ¡De esos que recuerdas cada noche hasta no poder dormir! Besos que te obligan a tener ojeras cada mañana, y que enrojecen el contorno de éstos, besos en los que las comisuras de tus labios no dejan de alzarse cada puto segundo que lo recuerdas, y que te hacen suspirar. De esos besos quiero, de los que necesito, quiero que me bese de esa manera, de la que me obligue a apropiarme de todo el aire a mi alrededor hasta poder hinchar mis pulmones. ¡¡Quiero sentir esa sensación!! Que te recorra toda la columna vertebral hasta dejar tu interior derretido por la euforia... Lo quiero.



Después de todo esto, me gustaría poder abrazarle hasta dejarle sin aliento, hasta sentirme ansiada y que mis músculos me pidan a gritos dejarlo ya, pues la fuerza y el énfasis puesto me impide continuar.
Sólo pido un deseo... Y es que, cuando él duerma a mi lado, poder hacerme yo la dormida hasta que él se quede tranquilo. Poder despertarme de madrugada y quedarme horas y horas mirándole, sin cansarme de ello. Poder memorizar cada contorno de su rostro, cada pequeña imperfección que para mi se vuelve tan perfecta y necesaria. Un simple roce de la yema de mis dedos, pero sin llegar a tocarlo realmente, a escasos milímetros, poder deslizar éstos por la forma que dibujan sus cerrados párpados y cómo sus largas pestañas descansan, y seguir el trazo hasta la línea que dibuja el perfil de su nariz, tan alzada y respingona, que sólo me saca una sonrisa. Bajar hasta sus labios, acaparando éstos por completo, en lo que relamo los propios ansiando un beso como el anteriormente nombrado. Y luego volver a su mentón, bajando por la figura de su mandíbula, tan bien esculpida y con un ligero toque rectangular que tanto me encanta besar y acariciar con mi aliento. La nuez de Adán, tan tranquila y que da un pequeño bote cuando él traga saliva, y se me escaparía una risita por lo bajo. "Mio", susurraría, dejando escapar un suspiro en lo que continúo deslizando mis dedos ficticiamente sobre su oscurecida piel por el Sol. 

Terminar desviando la mirada a sus hombros, anchos y fuertes, con esos músculos que no sobresalen, pero que para mi son perfectos, su figura y su contorno, todo en él, me es explosivo. Y dejaría recaer la atención en su torso, subiendo y bajando por su tranquila respiración. Allí dejaría apoyar mi mano por encima de la tela de su camisa, pues quizá no lo notaría... pero, siendo caprichosa, buscaría más de su ser, afanando mis dedos en el seguimiento de su vientre plano, notando cada rugosa arruga que me impide seguir un camino llano y libre. Una ladina sonrisa, quizá algo picaresca, me obligaría a entreabrir los labios y dejar escapar un tenue suspiro de satisfacción, bajando hasta el inicio del pantalón. Ahí me quedaría inmóvil, pues por el momento lo que más me gustaría de él sería todo su cuerpo, sin una zona en concreto. Y nuevamente mi mirada en sus párpados, encontrándolos abiertos, mirándole fijamente; y esa rojez trazando mis pómulos, una sonora risa y a continuación un revuelo de brazos y piernas enredándose entre una guerra de cosquillas sin cesar. Le besaría, claro que lo haría, le besaría demostrando así los besos que yo preciso, y aferraría sus dedos entre los míos, para dejarle claro que me siento presa de los sentimientos que florecen por él.

A simples palabras, es más fácil con decir un Te quiero.

Sobre mi.
+ Patricia, más conocida como Mikado; 20 años llevados como se puede; futura universitaria; amante de la escritura y la lectura; intento de bloggera, y aspirante a novelista. Plasmo mis sentimientos con textos primordialmente sin sentido, y la imaginación abarca todo mi ser en la mayoria de las ocasiones; adicta a la música; ferviente admiradora del anime y twittera novata.
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